viernes, 3 de septiembre de 2010

IMAGENES DE RESILIENCIA. Prof. Adriana Botta, Prof. Mirta Fernández

En estos tiempos posmodernos, donde el flujo permanente de información determina la exclusión de las personas con dificultad para acceder a ella o para procesarla, resurge en el campo del desarrollo psicosocial el concepto de resiliencia.
Así, se denomina a la capacidad que posee el ser humano de superar una situación adversa y salir fortificado. Éste término, tiene aplicación también en otras disciplinas donde se utiliza para conceptualizar determinadas capacidades. En física es la capacidad  que tienen los metales de resistir a los golpes y recuperar la estructura. En medicina es la capacidad que poseen los huesos  para crecer en la dirección correcta luego de haber sufrido una fractura. Los tres significados están atravesados por procesos de transformación, superación y fortalecimiento.
Las personas pueden transformar los factores adversos en generadores de estímulo y de proyección. La historia de vida de una persona a partir de su nacimiento, el modo en que es recibida por el entorno y lo que se espera de ella determina las diferencias en la estructuración del psiquismo y el desarrollo de la subjetividad. La ausencia de una mirada significativa o un sostén materno deficiente pueden establecer un cono de sombras entre un ser y su primer objeto de deseo y constituir, para este ser en particular, un obstáculo por el cual no ha podido alcanzar un desarrollo psicosocial pleno.
Sin embargo, existe la posibilidad de revertir esta situación transformando esa condición adversa en un fuerte impulso de creatividad, que le permita surgir entre las sombras y salir fortalecido. De esto se trata la resiliencia, de reparar, transformar,  transferir y renacer.
La reparación del vínculo con el primer objeto de amor implica la existencia del otro. Esta relación se preserva solo cuando las dos subjetividades están atravesadas por lo que cada uno espera del otro. Cuando este me reconoce y confía en mí, renace el deseo de apropiarme de los objetos del mundo en todos los órdenes de la vida.
Según Werner, quién investigó la capacidad de resiliencia de 500 niños en Kuwait, a los cuales observó siguiendo su desarrollo en un medio social donde la inequidad, la marginalidad y la discriminación constituían factores de alto riesgo, los sujetos resilientes dentro de este grupo, tenían por lo menos una sola persona que lo aceptaba en forma incondicional independientemente de su temperamento, aspecto físico o inteligencia. Estos niños además, necesitaban contar con alguien para sentir que sus esfuerzos, su competencia y autovaloración eran reconocidos y fomentados. La conclusión de Werner, en 1992, fue que la influencia  más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo. Comprueba finalmente, que la posibilidad de desarrollar la capacidad de resiliencia depende de la interacción de la persona y su entorno humano. Si tomáramos a esta última afirmación como paradigma podríamos reflexionar sobre la importancia de la escuela como institución social donde el sujeto puede fortalecerse, autovalorarse y proyectarse a pesar de las condiciones adversas en las que vive y los factores de riesgo que lo rodean.
En el  libro “El punto”, escrito por Peter H. Reynolds, se puede ver como una intervención adecuada de una maestra en un momento preciso, despierta el impulso creador de un niño  que se define a sí mismo como alguien incapaz de realizar un dibujo. Sin embargo, es la maestra quien  lo tranquiliza y le pide que solo se anime a dejar su marca en el papel. Tal gesto de confianza, anima a Vashti a plasmar la marca y junto a ella su nombre. En la clase siguiente la docente enmarca y exhibe el trabajo de Vashti, expresando así su reconocimiento y el valor que le otorga. La acción genera en la niña el impulso creador y comienza a plasmar su arte combinando trazos y colores, en una cantidad de obras con las que más tarde la maestra de arte realiza una exposición en la escuela y muchas personas concurren a verla y se interesan. A partir de entonces Vashti ya no será la misma. Se siente segura y confía en su capacidad creativa tanto que ayuda a otro niño a desarrollarla.
En el final de la historia, el autor agradece a su maestro por haber confiado en el. Esta síntesis ágil,  grafica la magnitud de la influencia que la impronta de la escuela  ejerce sobre un ser para bien o para mal.
Como explica el pedagogo brasilero Paulo Freire “el maestro es un artesano que construye, repara y rehace el vinculo del sujeto con el aprendizaje”. La escuela en su dinámica cotidiana, las personas que en ella interactúan, el discurso que circula dentro de la institución generan oportunidades únicas para transformar la autoestima desvalida por entornos adversos y el dolor que produce la indiferencia del otro en fortaleza e impulso creativo.
Tan claro como lo expresa literalmente el diseño curricular, para escuelas que dependen del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, “el aprendizaje es una construcción social”. De la actitud de cada institución y del acuerdo entre los actores que en ellas participan y toman decisiones, dependerá la posibilidad de formar subjetividad en cada ser. Esta es la herramienta indispensable con la que cada individuo podrá alcanzar su máximo desarrollo creativo, intelectual y social.

Autoras:
Adriana BOTTA,      Directora de la Escuela Nº 3 - Distrito Escolar 21
Mirta FERNÁNDEZ, Directora de la Escuela Nº 18 - Distrito Escolar 21
                                        

No hay comentarios:

Publicar un comentario